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La Arquitectura de la Información es una disciplina relativamente reciente, que ha alcanzado una gran popularidad entre los diseñadores de sitios web en internet, pero que es aplicable a incontables ámbitos de nuestra vida actual. Al tratar con información, esta nueva disciplina ha tomado prestados numerosos conceptos de las tradicionales ciencias de la documentación, tales como Descripción (metadatos), Vocabularios Controlados, Recuperación de Información, Sistemas de Clasificación y Catalogación, Informetría, Visualización de Información, Documento Electrónico, estudios de las necesidades de información de los usuarios, y un largo etcétera.
A fin de cuentas, al hablar de arquitectura de la información nos referimos a una serie de prácticas para ayudar a diseñar conjuntos de información (sitios web, aplicaciones, enciclopedias, señales, etcétera) permitiendo que, de una manera lo más simple posible, el usuario final los entienda y los integre en su propio conocimiento.
El término fue acuñado en 1976 por un arquitecto, Richard Saul Wurman. Preocupado por el exponencial crecimiento de una información que cada vez menos gente parecía capaz de entender, y conocedor a la vez de los principios y las técnicas del diseño arquitectónico, Wurman decidió unir ambas ideas, información y arquitectura, para crear una disciplina que se ocupara de organizar los patrones inherentes a los datos, haciendo fácil lo complejo, creando estructuras que facilitaran la comprensión. Se trataba, al fin y al cabo, de que los productores de información pasaran a ser arquitectos, y que sus producciones estuvieran, desde el primer momento, pensadas para ser comprendidas y asimiladas por un usuario tipo.
En términos parecidos se expresó más adelante Edward Tufte, profesor de la Universidad de Yale, que definió la disciplina como el diseño de la presentación de la información para facilitar el entendimiento.
En una época ya mucho más reciente, otros dos especialistas (Rosenferd y Morville) dan cuenta de las ventajas que la arquitectura de la información proporciona a los diseñadores web:
Lamentablemente para él, el término no se popularizó en su momento, aunque resultara intelectualmente impactante para muchos de sus oyentes. Sí lo hizo, y de forma fulgurante, cuando empezó a extenderse un nuevo medio de comunicación de masas: Internet. La proliferación de sitios web puso de relieve la necesidad de que esa masa ingente de información empezara a ser organizada pensando en el usuario final, que se encontraba graves diferentes de diseño, organización y presentación entre unas webs y otras. Así, muchos diseñadores echaron mano del concepto de Wurman y lo aplicaron a este nuevo medio. Consideraron que el principal valor de una página web no es –sólo- su belleza estética, sino que el usuario que accede a ella por primera vez sea capaz de percibir, rápidamente y sin esfuerzo, lo que esa página puede ofrecerle, qué es lo más importante y cómo puede acceder a ello. Los –buenos- diseñadores web han de ser también arquitectos de la información, o lo que es lo mismo, deben preocuparse por encima de todo de que los usuarios le saquen todo el partido posible a sus páginas sin la necesidad de leer previamente un manual de instrucciones. Es previsible que, de la unión entre la arquitectura de la información y la web semántica, nazca una web mucho más amigable y útil para el usuario final.
El diseño de la interfaz de la web se convierte en lo más importante, y no es de extrañar que esta preocupación haya pasado también al diseño de equipos electrónicos, como televisores, videos, ordenadores o teléfonos móviles.
Una aplicación curiosa, que se popularió a raíz de un evento crucial hace unos años, es la de la arquitectura de la información en las papeletas electorales. En las elecciones presidenciales de los Estados Unidos del año 2000, que enfrentaban a Al Gore con George Bush, hubo una queja generalizada con respecto a las papeletas. Muchas personas, por el mal diseño de ésta, votaron al candidato que en realidad no querían votar. Al parecer, muchos creyeron que tenían que marcar tanto la casilla del Presidente como la del Vicepresidente, cuando en realidad ambos candidatos iban representados en una misma casilla. No fueron pocos los que dijeron que, dado lo apretado de aquel recuento, George Bush no habría sido el vencedor el diseño de las papeletas hubiera recaído en un buen arquitecto –de la información-.
El malentendido sirvió, al menos, para corregir el error y poner aún más de relieve la importancia de la arquitectura de la información.
En realidad, esta disciplina utiliza un concepto muy difundido últimamente entre los más innovadores bibliotecarios y documentalistas, pensar en el usuario. Como dijo Terry Swack, experto en diseño de sistemas de comercio electrónico:
De hecho, muchos de los errores que cometen bibliotecas y centros de documentación, y que inciden en un mal aprovechamiento de sus –a veces excelentes- recursos y servicios, está precisamente en la base de todo: no conocer las necesidades de sus usuarios. La arquitectura de la información puede servir, por tanto, como estupenda consejera para mejorar lo que ya se tiene, potenciarlo, y conseguir aquello para lo que fue creado: servir de utilidad al usuario final.
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